Tipos de várices

Cómo diferenciarlas.
Existen distintos tipos de várices, que afectan a una u otra vena y por eso reciben un nombre característico. Conociendo cuál es el tipo que usted padece, podrá saber, junto a su médico, con qué técnica tratarlas.
Várices Primitivas:
Várices esenciales o idiopáticas:
existen factores predisponentes y desencadenantes. El factor predisponente más importante es el hereditario y los desencadenantes están signados por embarazos, posición prolongada de pie y traumatismos. Mediante exámenes clínicos y procedimientos de diagnóstico complementarios, es posible clasificar a estas várices en cuatro grados: Grado 1: teleangiectasas -las conocidas “arañitas”- y microvenas no mayores de 2 milímetros de diámetro. Grado 2: várices de la safena interna Grado 3: várices de la safena interna y externa, perforantes y comunicantes. Grado 4: várices de safena interna y externa, perforantes y comunicantes con golfos venosos (lucen como bolsas azuladas por debajo de la piel)
Várices Secundarias:
• Várices postrombóticas: se manifiestan como consecuencia de una flebitis (obstrucción de venas profundas).
• Traumatismos de miembros inferiores: los traumatismos leves y repetidos -golpes, presiones, etc.- que lesionan en forma progresiva las paredes venosas, pueden generar várices.
Cada sistema cumple una función determinada. Cuando ésta no puede desarrollarse normalmente, surgen las alteraciones. Aquí va una descripción detallada de cómo funcionan.
El sistema venoso profundo transporta el 90% de la sangre del cuerpo, mientras que el sistema venoso superficial sólo transporta el 10%. Cuando se produce la mencionada trombosis venosa, también conocida como flebitis, el sistema profundo se tapa y la sangre debe buscar nuevos caminos por donde transitar. En esa búsqueda encuentra al sistema superficial, entonces allí es derivada la corriente del sistema profundo.
De más está decir que si un sistema que está preparado para transportar el 10% de la circulación, de pronto, pasa a trasladar el 100%, o sea, diez veces más, surgen inevitables complicaciones. De este modo, el sistema superficial no se encuentra en condiciones de soportar semejante tarea y se dilata. Cuando esto se produce, las válvulas ya no “cierran “, generándose, como se mencionó, un reflujo sanguíneo en ambos sistemas.
Esta obstrucción del sistema profundo con el tiempo se recanaliza pero sin conservar la estructura valvular. En palabras sencillas, esa vena queda convertida en un tubo que, ante cualquier esfuerzo o aumento de presión que se produzca, transmite íntegramente el reflujo sin que haya una válvula que lo detenga, tanto en el sistema superficial como en el profundo.
Entonces, toda esta acción hace su descarga sobre la zona de los tobillos, siendo éste el punto clave en la detección temprana del problema, ya que es allí donde comienza a acumularse la sangre que no puede retomar.
A través del ultrasonido, es posible visualizar el flujo y reflujo venoso. El diagnóstico logrado es muy preciso.

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