Formas de financiar la cirugía estética

PEDIR SIN EXPLICAR:
Las condiciones de estos créditos son similares en casi todos los bancos. Aunque, igualmente, siempre conviene buscar la letra chica menos chica o la entidad de más confianza. En el Banco Ciudad, por caso, también subrayan que no hay inconveniente en usar el crédito para tratamientos estéticos, igual que en el Banco Patagonia, en donde otorgan hasta $30.000 desde 12 y hasta 60 cuotas, en tasa fija o variable en pesos. En el Banco Supervielle también se puede acceder a un crédito en similares condiciones y, por suerte, en ninguna entidad pone -en los montos que requieren las cirugías- el requisito de explicar para qué se quiere el dinero.
La otra opción para concretar el deseo de devenir en cisne pasa por acceder a alguno de los planes de financiación que ofrecen los profesionales y las clínicas estéticas. En este segundo caso, la intervención puede ser cancelada con tarjetas de crédito, de débito o bien mediante cheques de pago diferido. Pero -y este dato es crucial- no en todos lados está implementada esta modalidad de pago. De hecho, ante la consulta por e-mail a uno/a de los especialistas de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires sobre la posibilidad de pagar en cuotas una liposucción la respuesta fue cordial, pero tajante: mejor, primero se reunía todo el dinero y recién entonces se pasaba por el consultorio. “Lamentablemente, no trabajo con financiación ni planes de pago”, hizo saber el profesional. “Las cuotas sólo serían factibles si pagaras mensualmente algo hasta completar el total del honorario y los costos del quirófano”, detalló. En síntesis: si primero una quiere ver los logros y después hacer el sacrificio, mejor ir a un banco o buscar un cirujano/a que acepte tarjeta -con planes de pagos- o cheques diferidos. ¿Qué suena a quimera? No, no tanto. La cirujana Agustina Capellino, por caso, conversa con la paciente e intenta encontrar una solución entre un mix de posibilidades para que la liquidez monetaria imprescindible para el estiramiento de la piel no haga agua. “A veces pagan con tarjetas de débito y/o crédito, hacen pagos que combinan tarjeta, efectivo y cheques (de la paciente o de lugares muy confiables). También se están usando los créditos bancarios porque les hacen una financiación muy larga y conveniente”, explica. Bemstein también acepta pagos con tarjeta y cheques diferidos. Opciones de financiación, entonces, no faltan. De acuerdo: tampoco abundan. Pero, de todos modos, está claro que el factor dinero no tiene por qué convertirse en un impedimento y que siempre el paciente y el profesional pueden buscar una opción de pago realista y satisfactoria para ambos.

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