Testimonios de cirugías de lipoaspiración

DEBORA, 34 AÑOS:
“Me permitió volver a mostrarme sin complejos y andar más segura”
Es ama de casa. Después de parir a sus dos “pichones”, que hoy tienen 2 y 4 años, quedó con algunos kilitos de más y las ansias de que, en su cuerpo, cada cosa volviera a su lugar con el tiempo. Empezó por incorporar a su vida una rutina de entrenamiento (algo atípico en ella hasta ese momento) y luego, tras comprobar que las mejoras no llegaban, decidió recurrir a un retoque de cirugía. En su caso se trató de una liposucción ultrasónica quirúrgica, que utiliza energía de ultrasonido en pos de romper la grasa sin dañar los tejidos circundantes y luego la remueve mediante cánulas, “la zona de la panza era mi punto débil. Había hecho, por algunos meses, ejercicios físicos localizados, pero nada”, recuerda Débora. “No podía lograr un abdomen firme. Parecía unflancito; me acomplejaba al punto de que había decidido no usar más bikini en el futuro. Mi marido, que me veía un poco obsesionada con el tema, fue el primero que me apoyó y animó a operarme. Para eso, me acerqué centro de estética donde una amiga se había hecho las ‘lolas’, la habían atendido bien y había alcanzado muy buenos resultados. Me asesoré sobre las distintas técnicas y me recomendaron la mejor para mi estado. Confieso que, aunque se me había aduertido que era una operación con todo lo que eso significa, quizás por tratarse de algo estético subestimé un poco el tema. El día que me interné caí a la realidad: recibí el mismo trato que cualquier paciente que se va a operar de un apéndice, por ejemplo. Me aplicaron anestesia general y, después de una hora y pico de intervención, me desperté como de un sueño profundo y durante unas dos horas estuve un tanto mareada. ¿Dolorida? Sí, pero nada grave; principalmente, al día siguiente, sentí algunas molestias por las que tomé analgésicos. También tuue un drenaje de líquidos. Yo me operé un viernes, hice reposo por dos días y el lunes ya me sentía bien, con ganas de hacer cosas. Por otra parte, por diez o quince días, sentí la zona como dormida, lo que no me sorprendo porque sabía que podía ocurrir. Lo que tampoco es muy lindo, pero sí necesario, es el tener que usar una faja por casi un mes. Además, se me recomendó hacer algunas sesiones de drenaje linfático en las semanas posteriores a la operación. Así y todo, la cirugía superó mis expectativas. Ojo, no resultó adelgazante, como piensa la gente. Pero si fué muy efectiva: al mes
y medio noté que mi panza se había reafirmado bastante y ya nunca más estuvo fofa. Sin dudas, eso levantó mi autoestima y me permitió volver ropa más ajustada, mostrar la pancita sin complejos y a andar más segura, por decirlo de alguna manera. Está claro que, en adelante no pude desligarme del tema dieta: como de todo un poco pero nada en exceso porque sé que si engordo, los resultados se esfuman”.

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