Testimonios de ultralipoescultura

“Fue en abril”, recuerda. “Quería sacarme esos rollitos que son imposibles de eliminar aunque hagas gimnasia y dieta. Siempre me cuidé; no soy de comer demasiado, pero de todas maneras, esos rollitos que vienen con la edad fueron creciendo hasta que llegó un momento en que tenía que hacer algo. Me acerqué a un centro estético no porque conociera a alguien en especial, sino porque me enteré que allí tenían mucha máquina de vanguardia y resultaba un lugar serio. Me asesoraron y me dijeron que me convenía hacer una ultralipoescultura porque (más allá de mis rollitos) no tenía kilos de más para adelgazar sino que estaba en mi peso. La intervención consistió en tres sesiones consecutivas, con un intervalo de entre 20 días y un mes entre una y otra. Se trabajaron tres zonas: la panza, los trocantes o ‘rollitos de los 40′ y el lado externo de las piernas, típico de la celulitis. Sólo tuve miedo a lo desconocido, pero me explicaron que no dolía. Además, me mostraron en mi mano lo que sentiría en otras áreas del cuerpo y no era nada sino una mínima molestia o vibración. Sé que la máquina rompe la célula en la que se aloja la grasa (adipocito) lo que hace que el triglicérido quede suelto a la espera de ser metabolizado por los distintos mecanismos del cuerpo: urinarios, transpiración, etc. Por eso mismo, se me sugirió que, en los 20 días siguientes a cada sesión, me cuidase con la ingesta de azúcares y alcohol y que, si me era posible, hiciera más actiuidad física. Justamente para ayudara que se eliminaran esos residuos. El tratamiento resultó totalmente ambulatorio y cero invasivo. No hay internación, no hay anestesia; te dormís, a lo sumo, porque la cama es súper cómoda y quizás, te despertás de repente porque el aplicador, que es como un mouse gigante, va corriendo con un aceite que, a veces, está frío. Sólo duele un poquito cuando lo pasan cerca de algún hueso o del ombligo, pero es una mínima molestia que cualquiera aguanta. ¡Como cuando vas al dentista! Después de cada sesión no tuve que usar faja y pronto noté los cambios en la ropa. Se modeló bien mi figura, sobre todo, la cintura. Como complemento de los resultados, sigo cuidándome un poquito con las comidas y realizando actividad física. Porque, seamos sinceras: si te comes todo y te sentás en una silla, volvés a lo mismo. En síntesis, fue una muy buena experiencia”.

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