Consejos para las esteticistas

NO PUEDO PARAR A MI CLIENTE CUANDO EMPIEZA A HABLAR
“Mi cliente sufre de auténtica verborrea. Siempre temo cortarla demasiado bruscamente, ¿qué puedo hacer?”, se pregunta Nadia, una esteticista de 28 años. “Hay que llevar cuidado, en primer lugar, con no animar a la cliente a que hable -subraya Maryse Corval. Cuántas veces he oído decir a algunas esteticistas: “Es lo que le pasa a mi amiga…”, “Eso mismo le pasa a mi cuñado…”, “Justamente eso es lo que me ha dicho el médico…”, y patatín y patatán, la cosa no acaba nunca. Cuide pues de no alimentar esa chachara. Si no puede parar a su cliente porque va lanzada hablando de su tema favorito, es decir, ella misma, céntrese justamente en su persona: “¡Oh!, veo aquí una pequeña arruga, un herpes, la piel deshidratada, las cejas que necesitarían una depilación (elija el mejor argumento). Ha hecho bien en venir, vamos a arreglar eso, hace bien en cuidarse, etc., etc.” No dude tampoco en ser directiva: “Relájese, voy a darle un pequeño masaje”.
“Hacer una ficha por cada cliente tiene enormes ventajas” -subraya Maryse Corval- “pues la esteticista puede hacer de esta forma una prescripción de productos, una verdadera receta. Mientras que la cliente se viste de nuevo, o al final del tratamiento, se le aconsejarán los productos de los que se le habrá hablado durante el servicio”. Puede decírsele: “Creo que con este frío y con la calefacción tan alta que hay en las casas, su piel está muy deshidratada y en estos momentos necesita una protección especial”. Una variante: “Cuando ha entrado he visto que su piel estaba fatigada. Ahora que ha recuperado energía con el tratamiento, le aconsejo prolongar los beneficios de esta estimulación dándose masaje cada mañana con esta crema y completar su acción con un ligero peeling cada dos o tres días usando este exfoliante. Verá como los productos que se aplique penetrarán mejor en la piel”.
“Veo que le han gustado la textura y el perfume de los desmaquilladores que he utilizado. Esta loción le va particularmente bien a su piel. No olvide que el desmaquillaje es esencial para mantener una piel en forma y tónica”. Anote los productos aconsejados en la ficha y dé también a la cliente una pequeña ficha con los productos que le ha prescrito. Este tipo de receta que suele poner en marcha el mecanismo de la compra, da más autoridad al simple consejo. Usted es la especialista que receta los productos que ella necesita. Tanto si su cliente compra los productos como si no, déle justo antes de que se vaya al menos una
muestra que corresponda precisamente al producto prescrito y alábele los beneficios que le va a proporcionar con un tono de voz y una actitud totalmente naturales. No sería de extrañar que cuando una ha sido particularmente convincente, la cliente comprase el producto antes de salir del salón de belleza”.

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