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Lipoaspiración de papada

Imperceptibles. Las incisiones, tan pequeñas que casi no dejan cicatrices, se ubican cercanas a las zonas aspiradas. El tiempo de internación oscila entre 12 y 24 horas. La cirugía puede demandar entre 1 y 3 horas, según las áreas a tratar. Se emplea anestesia local para las zonas pequeñas y pendural o general cuando son varias. En caso de que existan concentraciones de grasa en la cintura, la lipoaspiración se puede complementar con otras cirugías, como por ejemplo, la dermolipectomía (plástica del abdomen).

Papada nunca más. La corrección de la “papada” contribuye a mejorar el contorno cervicofacial, especialmente del perfil de la mandíbula. La grasa es aspirada por una microcánula que se introduce por una incisión practicada abajo del mentón. Atrás de las orejas se hacen otras dos incisiones. El Dr. Días dice que los resultados van más allá de la eliminación del exceso de grasa, ya que también hay una retracción de la piel, que modela la región cervical. “La lipoaspiración del mentón es indicada para pacientes jóvenes, con buena elasticidad cutánea”, asegura. Los resultados se ven a partir del séptimo día y se vuelven definitivos luego de catorce días. Se aplica anestesia local y sedantes por vía venosa. Requiere atención como en cualquier acto quirúrgico, el preoperatorio exige varios cuidados. El Dr. Leonardo Dias nos recuerda que no sólo se trata de los infamables exámenes de rutina. Hay que tomar importantes recaudos y hacerlo desde 20 días antes de la cirugía. En este período, medicamentos como aspirina y antiinflamatorios están prohibidos, porque alteran la coagulación de la sangre que puede causar hemorragias durante la operación y graves complicaciones postoperatorias. También están contraindicados los comprimidos de ginkgo biloba y árnica. Los preparados adelgazantes deben interrumpirse 3 días antes de la cirugía. “La paciente debe informar detalladamente al médico que medicamentos está tomando”, dice el cirujano. El día previo a la cirugía, la alimentación debe ser liviana. Están contraindicadas las bebidas alcohólicas, así como la leche y sus derivados, que retardan el vaciamiento gástrico. Lo habitual es que el ayuno, incluso la ingesta de agua sean, como mínimo, de 9 horas. Por ejemplo, si la cirugía se lleva a cabo a la tarde, sólo hasta las siete de la mañana se puede comer frutas o beber jugos naturales, preferentemente con azúcar, que es una fuente de energía rica en glucosa.

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La historia de las cirugías plásticas

Si pensamos que la anestesia se descubrió en 1846 y que recién en 1867 comenzó a aplicarse un método de antisepsia, sorprende primero que la Humanidad haya llegado hasta el día de hoy. Pero más aún asombra que – ya desde el siglo XVI- se realizaran cirugías estéticas más o menos idénticas a las que hoy conocemos. Dicho de otro modo, ya desde el 1500 hombres y mujeres soportaban un dolor -seguramente atroz- y asumían los riesgos de una infección que podía llevarlos a la muerte con tal de acercarse un poco más al ideal de belleza de su tiempo. Y así lo ratifica la extensa, asombrosa y por momentos francamente alucinante historia compilada por la historiadora del arte Angelika Taschen en el libro Cirugía Estética, editado por la editorial alemana de la que la mujer es dueña. Basta leerlo para entender que si en 2006, en Estados Unidos, 9 millones de personas se sometieron a una intervención estética eso es porque la humana pasión por”reformatear” el propio cuerpo arrancó hace muchísimo tiempo. Más precisamente, con los egipcios. Sí, ya en 1.600 AC, en plena época de los faraones, los cirujanos se preocupaban por evitar las cicatrices e incluso practicaban una primitiva forma de rinoplastía introduciendo “dos tapones de lino saturados con grasa en los orificios nasales”. También se hallaron papiros que relatan injertos de tejidos con fines de embellecimiento desde el 3500 AC. Los romanos no se quedaron atrás en materia de intervenciones estéticas y el enciclopedista Aulio Comelio Celso (siglo I), subrayó la importancia de realizar suturas “bonitas”. En la antigua China y la Grecia clásica, por otra parte, también se efectuaron correcciones nasales. En el siglo VII, el médico alejandrino Pablo de Aegina desarrolló un método para extirpar los pechos a los hombres -ginecomastía- y, aunque suene increíble, Plinio el Viejo (23-79 dC) describe “una forma de curar la obesidad” similar a la liposucción. Lástima que durante la Edad Media, la cirugía volvió a circunscribirse a la solución de patologías y hubo que esperar hasta el Renacimiento para que los cirujanos hablaran nuevamente de cirugías estéticas o plásticas.

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Que esperar de una cirugía plástica

LIPOSUCCION… DÉ LAS EXPECTATIVAS:
Pero, a todo esto, ¿qué es, concretamente, la expectativa? A modo de primera definición, digamos que se trata de una idea a futuro. En este caso, una idea acerca de cómo quedará nuestro cuerpo o nuestra cara después de la intervención. Es, pues, una proyección de resultados. Pero, ¿cuánto se acerca esa imagen (nuestra imagen) del cuerpo “corregido” a los resultados por venir? ¿Cómo evitar, en vísperas de entrar al quirófano, que nuestras fantasías no crezcan y crezcan como un baobab? Sin temor a exagerar, se puede decir que muchas pacientes esperan que tal o cual intervención les cambie la vida. Tanto es así que cada vez son más las mujeres adultas, inteligentes e independientes que les piden a los cirujanos (casi como si fuera un menú “a la carta”) que les dejen la boca como tal actriz o los pómulos y el mentón de tal otra. Son ellas las que se presentan en el consultorio llevando fotos de sus modelos de referencia o bien de sí mismas (25 años atrás), esperando que el cirujano tome el pedido de sus deseos como Mel Ferrer en La isla de la fantasía. Justamente por este crecimiento desaforado de la expectativa en tomo a una operación estética es hoy más importante que nunca que el profesional pondere (con discreción y sutileza) si está o no ante un caso de ilusiones fuera de órbita, cosa que se hace evidente ya en las entrevistas previas. Debe quedar claro desde el vamos, por ejemplo, que aún cuando en todos los pacientes se empleen las mismas técnicas, los resultados serán muy variables. Datos tales como la edad, la calidad de la piel y las condiciones de salud generales de cada paciente influirán en los resultados finales.¿Todos los profesionales son igualmente honestos en este sentido ? Desde luego que no. Habrá pues cirujanos que prometen la belleza y juventud de Scarlett Johanssen sin siquiera sufrir un pinchazo. Pero, obviamente, cuando sobre las ya de por sí grandes expectativas que solemos tener se agregan otras más motorizadas por un médico inescrupuloso, la decepción está garantizada.

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Las expectativas en una cirugía estética

Los pasos a seguir antes de embarcarse en una cirugía estética son más o menos conocidos: investigar las opciones, comparar experiencias, barajar varios nombres recomendados, tener una entrevista con un par de cirujanos y, ya decidida, realizar los exámenes prequirúrgicos pertinentes. Poco se habla, sin embargo de un factor crucial del que puede depender el éxito o el fracaso de la intervención: el ‘Factor E”. La expectativa. O, dicho más sencillamente, lo que esperamos obtener de esa cirugía.
Digamos en primer término que expectativa y resultados conforman un dúo que puede coincidir mucho, poquito o nada. Y que en base a esta coincidencia (según se produzca o no) se juzgará subjetivamente el éxito de la operación. A veces, profesional y paciente disienten en sus apreciaciones. Vale la pena aquí, entonces, desear que el médico no haya prometido el Paraíso a su paciente; que, mejor, su discurso haya preferido mencionar aquello acerca de que la medicina no es una ciencia exacta y que los resultados nunca son cien por ciento predecibles. Caso contrario, lo más probable es que unas expectativas tamaño elefante terminen, tarde o temprano, por aplastar hasta el mejor de los resultados.

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Formas de financiar la cirugía estética

PEDIR SIN EXPLICAR:
Las condiciones de estos créditos son similares en casi todos los bancos. Aunque, igualmente, siempre conviene buscar la letra chica menos chica o la entidad de más confianza. En el Banco Ciudad, por caso, también subrayan que no hay inconveniente en usar el crédito para tratamientos estéticos, igual que en el Banco Patagonia, en donde otorgan hasta $30.000 desde 12 y hasta 60 cuotas, en tasa fija o variable en pesos. En el Banco Supervielle también se puede acceder a un crédito en similares condiciones y, por suerte, en ninguna entidad pone -en los montos que requieren las cirugías- el requisito de explicar para qué se quiere el dinero.
La otra opción para concretar el deseo de devenir en cisne pasa por acceder a alguno de los planes de financiación que ofrecen los profesionales y las clínicas estéticas. En este segundo caso, la intervención puede ser cancelada con tarjetas de crédito, de débito o bien mediante cheques de pago diferido. Pero -y este dato es crucial- no en todos lados está implementada esta modalidad de pago. De hecho, ante la consulta por e-mail a uno/a de los especialistas de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires sobre la posibilidad de pagar en cuotas una liposucción la respuesta fue cordial, pero tajante: mejor, primero se reunía todo el dinero y recién entonces se pasaba por el consultorio. “Lamentablemente, no trabajo con financiación ni planes de pago”, hizo saber el profesional. “Las cuotas sólo serían factibles si pagaras mensualmente algo hasta completar el total del honorario y los costos del quirófano”, detalló. En síntesis: si primero una quiere ver los logros y después hacer el sacrificio, mejor ir a un banco o buscar un cirujano/a que acepte tarjeta -con planes de pagos- o cheques diferidos. ¿Qué suena a quimera? No, no tanto. La cirujana Agustina Capellino, por caso, conversa con la paciente e intenta encontrar una solución entre un mix de posibilidades para que la liquidez monetaria imprescindible para el estiramiento de la piel no haga agua. “A veces pagan con tarjetas de débito y/o crédito, hacen pagos que combinan tarjeta, efectivo y cheques (de la paciente o de lugares muy confiables). También se están usando los créditos bancarios porque les hacen una financiación muy larga y conveniente”, explica. Bemstein también acepta pagos con tarjeta y cheques diferidos. Opciones de financiación, entonces, no faltan. De acuerdo: tampoco abundan. Pero, de todos modos, está claro que el factor dinero no tiene por qué convertirse en un impedimento y que siempre el paciente y el profesional pueden buscar una opción de pago realista y satisfactoria para ambos.

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Lo que hay que saber antes de la anestesia

¿PUEDE HABER REACCIONES ALÉRGICAS?
Es poco probable. Las reacciones alérgicas pueden presentarse en pacientes con antecedentes alérgicos y muy raramente se da ante los anestésicos generales. En cuanto a los locales, la alergia es muy poco frecuente y suele ser detectada con anterioridad (por ejemplo, al ir al odontólogo) Si, así y todo, sucede una reacción cuando se aplica la anestesia, esto no suele ser una señal de peligro.
¿CÓMO ES “VOLVER” DE LA ANESTESIA?
En cirugía estética hubo muchos avances. Actualmente se usa un nivel de sedación que no es tan profundo, y que permite al paciente recuperarse a mayor velocidad. En el 90% de los casos, dos horas después de la intervención los pacientes ya están totalmente despiertos. Y a las tres o cuatro horas, si de la anestesia depende, ya pueden irse a la casa. Claro que, dentro de la cirugía estética, hay excepciones.

¿QUÉ CREDENCIALES DEBE TENER EL PROFESIONAL?
Es fundamental conocer la formación del anestesiólogo que, tanto en Buenos Aires como en el resto del país, debe proceder de escuelas que corresponden a las asociaciones de anestesiología de cada lugar. Éstas tienen un nivel científico muy alto, ya que la carrera de anestesiología dura cuatro años. Para confirmar que un anestesiólogo está registrado, basta con llamar a la Asociación de la provincia donde vivís, y pedir el listado de profesionales. “Podes tener el mejor cirujano del mundo, pero si el que te va a monitorizar durante la intervención es un cardiólogo, que sólo monitoriza el corazón, no es recomendable” explica el doctor Aguilar. Como paso siguiente, asegúrate de haber comprendido todas las indicaciones prequirurgicas que te dieron los médicos. Y, ahora sí. dulces sueños…

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La anestesia en las cirugías plásticas

¿PODEMOS ELEGIR QUÉ TIPO DE ANESTESIA QUEREMOS RECIBIR?
No. El equipo médico es el que elige el tipo de anestesia, y lo hace teniendo en cuenta tres factores principales: el tipo de cirugía que se va a realizar, el tipo de paciente (algunos días o algunas horas antes se le hace una “entrevista pre-anestésica”), y la duración de la cirugía. Hay pacientes con mayor resistencia al dolor y más experiencia quirúrgica y eso puede influir en la elección de la anestesia. En cualquier caso, más allá del nivel de profundidad de la sedación, lo importante es que siempre estén sedados, por un tema de seguridad para el paciente y de comodidad para el cirujano”, explica el doctor Claudio Aguilar, médico anestesiólogo, y socio de la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA). “No es lo mismo estar despierto que dormido durante un procedimiento. Muchos cirujanos hacen prótesis o rinoplastias sólo con anestesia local y con una pastillita sedante.Y eso es una barbaridad, porque si surge una complicación que requiera de una intervención mayor, el paciente tiene que estar sedado”.

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Que hacer en caso de mala praxis de cirugía

PUEDE FALLAR:
Aunque muchos prefieran pensar lo contrario, lo cierto es que los cirujanos no son dioses, sino apenas seres humanos. Pueden por ende equivocarse, y hacerlo de los más variados modos. Por eso, si tenes la pésima suerte de encontrarte involucrada en un caso como éste, hay algunas cosas que podes (debes, en realidad) hacer. Lo primero es determinar si efectivamente (y más allá de lo que a vos te parezca) fuiste víctima de mala praxis. Y para eso no hay más alternativa que recurrir a profesionales del derecho especializados en este tema (ver Datos útiles). La primera consulta -ésa en la que le vas a explicar tu situación al letrado- suele ser gratuita, al igual que el asesoramiento legal en materia de los pasos a seguir. Esta primera instancia suele incluir además la supervisión a cargo de un médico que certifica o desestima, según corresponda, el error del profesional.
El siguiente paso consiste en conseguir tu historia clínica, ya que es allí donde quedan registrados todos los pasos médicos que fueron realizados… o no. De hecho, muchas veces las historias clínicas suelen “desaparecer” ante la sospecha de un posible juicio.
Si todo sigue su curso normal, tenes derecho a iniciar dos tipos de causas: penal y civil. La penal denuncia al médico y su equipo de trabajo (anestesista, enfermeras, etc.) por el delito de “lesiones culposas u homicidio culposo” (según haya habido lesión, incapacidad o muerte). Las penas por lesiones van hasta tres años de prisión y, si se trata de homicidio, se extienden hasta los cinco años. De más está decir que en ambos casos el supuesto “profesional” queda inhabilitado para ejercer la profesión, un impedimento que puede extenderse por algunos años o ser definitivo. En lo que respecta a la demanda civil, ésta busca resarcir el daño desde el punto de vista económico. En este caso, la demanda se establece contra el médico, su equipo de trabajo, el lugar de la intervención y la compañía de seguros, si hubiera. En el caso de ambos reclamos, tené también en cuenta que se pueden hacer incluso hasta diez años después de que la operación fallida haya tenido lugar.

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Las anestesias para cirugía estética

En toda intervención (grande o pequeña) hay siempre un producto clave: La anestesia. Pero … ¿ Son todas iguales? ¿Podemos elegirlas? ¿Son peligrosas?. Aquí dos anestesiólogos nos darán las respuestas.

Si fuera cierta esa frase que dice que “detrás de todo gran hombre, siempre hay una gran mujer”, el universo de las cirugías podría acuñar su propio dicho: “Detrás de todo gran cirujano, siempre hay un gran anestesiólogo”. Y es que estos especialistas cumplen un rol clave dentro de las intervenciones. Su tarea no consiste sólo de “dormirte” en una camilla: son responsables de la evaluación anestésica previa (que implica una pequeña historia clínica del paciente y revisión de los resultados de los análisis y el electrocardiograma); de la sedación o la anestesia general; del control de los signos vitales (presión arterial, pulso, respiración) a lo largo de la intervención; y del manejo de la analgesia durante e inmediatamente después de la operación.Vale la pena, entonces, conocer un poco más acerca de su trabajo.
¿CUÁNTAS ANESTESIAS HAY?
La doctora Adriana Aiello, experta en Mediciña del Dolor y Médica Anestesióloga del Hospital Enrique Tornú, explica que hay cinco tipos de anestesia:

• Las cremas tópicas. Son productos que se aplican sobre la piel un rato antes de la intervención, y que quitan sensibilidad. Suelen usarse en la aplicación de Botox y de cualquier otro producto inyectable.
• La anestesia local. Es similar a la que se usa en odontología. Se aplica en dosis muy pequeñas. Ejemplo: una corrección de cicatriz.
• La sedación conciente. El paciente está sedado pero puede charlar durante la intervención Suele usarse para cirugías poco agresivas.
• La neurolepto anestesia o anestesia local asistida. En este caso, el paciente es sedado profundamente y recibe anestésicos locales en la zona que se va a operar. Este tipo de insumo suele ser usado para implantes mamarios, lifting y lipo-aspiraciones.
• Anestesia general. Es la clásica. Actualmente existe una medicación anestésica y unas mesas de anestesia que permiten realizar anestesias generales con alta seguridad y en forma ambulatoria. Para tal fin, existen las llamadas drogas de metabolización rápida: productos que actúan y revierten su acción de un modo veloz. Esto permite que se pueda suministrar una anestesia general de forma ambulatoria. Este tipo de anestesia se puede usar en las dermolipectomías, las reducciones y los levantamientos mamarios.

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Cuando se puede hablar de mala praxis

Alicia Romagnoli quería verse más linda y más joven. Tenía 42 años, y había decidido viajar de Santa Fe a Buenos Aires para hacerse una lipoaspiración, un lifting facial y algunos retoques en la nariz, el mentón y los párpados. Para que todo saliera como ella había soñado, decidió contratar a RP, el cirujano del momento, el dueño de las manos mágicas que se escondían detrás de varios de los rostros más bellos de la Argentina. Pero todas las expectativas de glamour se hicieron polvo el 15 de agosto de 1996, cuando -concluida la intervención- Romagnoli se descompensó, tuvo un paro cardíaco, no recibió la atención adecuada y terminó cuadripléjica. Esta tragedia derivó -en el mes de marzo de 2000- en uno de los más escandalosos juicios por mala praxis médica durante una cirugía estética en la Argentina. Y, más allá de la sentencia -favorable a Romagnoli-, el caso abrió la puerta a varias preguntas que desde entonces se rrevuelan en los quirófanos y dan vueltas por las cabezas de quienes planean someterse a algún tipo de intervención similar: ¿cómo hacer para reducir los riesgos de una operación fallida? ¿Adonde recurrir en el caso de que algo suceda? ¿Cualquier práctica médica “no satisfactoria” puede considerarse “mala praxis”? Dicho de otro modo: ¿cuál es el límite a la hora del reclamo ? En este post, te lo contamos todo. El primer dato a tener en cuenta es que no cualquier práctica quirúrgica más o menos desafortunada puede ser considerada mala praxis. Porque, desde su significado literal, esta expresión remite a una práctica o procedimiento erróneo por parte del profesional a cargo. Y, para poder hablar de un “error”, antes es necesario probar que hubo impericia (es decir, que el supuesto especialista no tenía la preparación adecuada); imprudencia (que arriesgó más allá de lo debido y obtuvo malos resultados); o negligencia (esto es, que no puso a disposición todos los elementos para sanar al enfermo). Ahora bien: ¿qué pasa cuando el supuesto error se asienta sobre un criterio estético? ¿Qué pasa si, simplemente, la cirugía no te deja tan linda como esperabas? Para el doctor Francisco Jorge Fama, Secretario General de la Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora (SACPER) y especialista en cirugía plástica y en medicina legal, un caso como ése no autoriza a hablar de mala praxis. “La simple disconformidad del paciente con el resultado, no es suficiente para hablar de ‘daño’. Por otra parte, también puede suceder que se produzca un daño, pero que éste no sea atribuible al accionar del médico, sino a un acontecimiento fortuito, y en ese caso tampoco cabe una demanda”, explica.

JUICIO (SIN) FINAL
Esa diferencia (a menudo, enorme) entre las propias expectativas y los resultados finalmente obtenidos, sumada al deseo de algunos abogados inescrupulosos de hacer dinero fácil, hace que los juicios por mala praxis médica abunden, tanto en la Argentina como en el exterior. Y este fenómeno se ha difundido a punto tal que el mercado estético ya está generando un nuevo subproducto: la industria del juicio. En efecto, según datos de la Asociación Argentina de Derecho Médico y de Salud (Aademes), en la última década la llamada “litigiosidad” aumentó un 80%. Eso, bajado a la realidad, significa que en nuestro país uno de cada cinco médicos recibe una acusación por mal desempeño. De allí también que (aunque el 94% de los casos se resuelve a favor del médico) muchos profesionales incluso altamente calificados terminen abandonando la especialidad para dedicarse a rubros menos “judicializados”. “Los pacientes corren con el beneficio de poder litigar sin gastos, y esto hace que se puedan iniciar verdaderas auenturas judiciales sin el menor riesgo”, explica el doctor Fama. “Estas auenturas, cabe aclararlo, no le dan beneficio económico al presunto damnificado, pero sí a su abogado, y hacen que el profesional tenga que afrontar una suma económica cuantiosa en concepto de gastos por honorarios de letrados y peritos, aún cuando gane el juicio”.

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