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Adoptar los cambios de una cirugía plástica

Otro aspecto a tener en cuenta con respecto al factor E es que los resultados nunca se ven de inmediato. Luego de una intervención de cierta envergadura, de esas que implican anestesia, suturas, vendas y analgésicos, pueden transcurrir semanas y aún meses hasta que podamos contemplar en el espejo el resultado definitivo de la operación. Dicho de otro modo: si la expectativa pasa por internarse hoy para (en apenas una semana) asistir a la fiesta de casamiento de una amiga hecha una diosa, pues esa será la diosa del hematoma. En efecto, desde la misma Sociedad Argentina de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora (SACPER) se recuerda por caso que después de un lifting facial “los movimientos faciales serán un poco limitados y algunos hematomas se verán durante dos o tres semanas. Puede sentir cansancio y estar desilusionada o algo deprimida al principio”. Y para que no queden dudas recomienda que “seguramente Ud. va a estar muy satisfecha con su lifting si acepta que los resultados no van a ser visibles de inmediato”. Y lo mismo (o peor) vale para la abdominoplastía o cirugía plástica del abdomen, cuyos resultados se hacen esperar bastante más. Y todo esto por no mencionar que, a veces, los resultados pueden ser más efímeros de lo esperado. ¿Un caso típico? Muchas personas piensan, por ejemplo, que en materia de rellenos uno se los aplica y ellos permanecerán allí tanto tiempo como a uno le gustaría. Nones; los tratamientos con colágeno, grasa, y muchos otros materiales empleados para efectuar rellenos no tienen resultados permanentes. El material inyectado se metaboliza en el cuerpo y sus resultados, por ende, tienen fecha de vencimiento. La SACPER precisa al respecto que “en algunas personas, los resultados pueden durar sólo unas semanas; en otros, los resultados pueden ser definitivos. Los investigadores creen que la edad, la herencia, la calidad de la piel y el estilo de vida, así como el lugar donde se aplica el relleno, tienen importancia en la duración del mismo”. Cosa que siempre es bueno saber antes de acostarse sobre la camilla.
EL FACTOR S
Entre los muchos fenómenos psicológicos de los que se ocupó Sigmund Freud, existe uno que se toca de lleno con el tema de las expectativas. Dicho fenómeno fue denominado por él como el efecto de “lo siniestro”, en referencia a esa sensación angustiante, próxima a lo espantable y lo espeluznante, que se presenta cuando algo conocido y familiar aparece de pronto como algo extraño. Ese desconocimiento repentino produce, según Freud, una desorientación angustiosa. Pues bien, cabe aclarar que ciertas intervenciones estéticas ciertamente pueden abrir la puerta a esa sensación. Las cirugías en el rostro (en especial, las que afectan los ojos) son, aunque mucha gente no lo sepa, susceptibles de producir este tipo de fenómenos. Después de todo, en esta clase de situaciones el cirujano interviene con su arte y bisturí sobre la más personal expresión de una cara: la mirada. Este nuevo rostro puede quedar más bello que antes, más lozano y rejuvenecido, pero en un sentido es otro. Y, ante esto, el cirujano no puede anticipar si la paciente experimentará o no esta sensación de “siniestro” (algo familiar y extraño a la vez) ante su cara de estreno. Que, no está de más decirlo, una vez operada ya no tendrá vuelta atrás y no volverá a verse como se veía antes. En este sentido, el caso de Mónica M, una docente de 45 años, es bastante revelador. Ella, que en un principio estuvo decidida y contenta de hacerse una blefaroplastía o plástica de párpados (y que finalmente quedó satisfecha con los resultados), pasó las primeras 48 horas luego de la operación sin salir de su casa ni querer ver a nadie, presa de este fenómeno. “¡Ya no tengo mi mirada! ¡La mirada que tenía mi abuelo, que tiene mi padre!”, gritaba, sin permitir que nadie se acercara a menos de cuatro metros. Finalmente logró superar el episodio y hoy está feliz de haberse operado, pero el suyo es un ejemplo para tener presente. De lo que se trata, en definitiva, es de encender al máximo nuestros “motores de realidad” en vísperas de una operación de este tipo, y también de saber que cualquier intervención en el rostro (en particular, si afecta los ojos) conlleva como riesgo potencial el desconocimiento temporario de la propia imagen en el espejo. Ni más ni menos.

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