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Dos estrategias para hidratar la piel

Para rehidratar la piel de su cliente, según sus necesidades específicas, debe en primer lugar identificar el trastorno que la afecta. Entonces puede elegir entre las dos estrategias de hidratación que les presentamos la que más se adapte a su problema y tipo de piel.

1) Evitar la evaporación: Su piel es áspera y molesta; está tirante, enrojece fácilmente, aparecen arruguillas en las comisuras de los labios y en el contorno de los ojos. Se trata de una piel deshidratada por el aumento de la pérdida insensible de agua. Ya sea ésta por abuso de sol, por el uso de detergentes, por exposición a la intemperie o por un trastorno constitucional, lo importante es restablecer el efecto barrera de los lípidos de superficie. En efecto, en ausencia de esas grasas indispensables, el agua exterior tiene capacidad para disolver los NMF (hidratante natural de las células cutáneas) y eliminarlos. La piel se vuelve entonces incapaz de captar agua en la dermis y más todavía de conservarla. La dermis se deseca y envejece prematuramente. Hay que actuar rápidamente para ayudarla a recuperar su suavidad y elasticidad y preservar su juventud. Para ello hay que rehacer en primer lugar la película hidrolipídica de superficie con activos parecidos a los lípidos epidérmicos.
– La elastina, un nuevo activo extraído de los crustáceos, que restaura los lípidos dañados y neutraliza los radicales libres.
– Las ceramidas vegetales, extraídas del trigo, el arroz o la soja. Estas ceramidas son muy hidrófobas y limitan los intercambios de agua entre el exterior y el interior de la piel.
– Los ácidos grasos esenciales, como el ácido linoleico y el gamma linolénico, presentes en los aceites de onagra, borraja, glicina de China (soja), grosella negra y (argan). Componentes naturales de los lípidos de las membranas, permiten reducir las pérdidas de agua, activar el metabolismo de las células y preservar la integridad de sus membranas.
– Los aceites vegetales, más finos y agradables que las grasas animales o que el aceite de resina (un hidrocarburo que ha dejado de utilizarse). Algunos, como el aceite de aguacate, de jojoba, de caléndula o de hibiscus, son bien conocidos por sus propiedades nutritivas, calmantes, suavizantes y antirradicales libres. Otros, como el aceite de macadamia, se parecen por su composición a los lípidos cutáneos.
– las siliconas,
– las emulsiones en bicapas cristalinas.
2) Hidratar en profundidad Aunque sea suave al tacto, la piel de su cliente puede carecer de flexibilidad y firmeza. Para ayudarla a recuperar el tono hay que estimular sus capacidades para captar y retener agua, utilizando activos humedecedores.
– Las enzimas, que serán sin duda el nuevo activo hidratante del siglo XXI. Algunos investigadores han demostrado que la incorporación de antiproteasas en las cremas cosméticas mejoraba un 80% la hidratación de la piel.
– El oxígeno microencapsulado, que estimula la capacidad de la piel para rehidratarse.
– Los ácidos de frutas – Las proteínas marinas y vegetales (colágeno marino o extracto de proteínas de seda, de trigo, de soja, etc.), que son gruesas moléculas muy hidrófilas. Sin atravesar la barrera epidérmica, retienen el agua en la superficie de la piel. Por sus efectos tensores, son ideales para las pieles maduras y sin tono.
– La elastina -marina o vegetal- tiene también una gran afinidad con el agua. En forma de péptidos muy pequeños, penetra hasta la dermis, donde inhibe la actividad de las elastasas y preserva la juventud de la piel. Se la utiliza preferentemente para dar mayor firmeza.
– La urea y el ácido hialurónico, de gruesas moléculas con gran contenido de agua, presentes en el NMF, mejoran la hidratación de las capas superiores de la epidermis, suavizan la piel y la embellecen por sus efectos plastificadores.
– Los mucílagos, contenidos en la borraja, los granos de lino y las pulpas de los frutos, favorecen igualmente la hidratación estática.
– Los azúcares (poliol, glícol, sorbitol, etc.) que captan el agua en profundidad y la retienen en la superficie de la piel.
– Los aminoácidos, presentes en el NMF, como serina, que es también precursor de las ceramid.
– Las vitaminas, particularmente las del grupo B, la vitamina A y la C, estimulantes de la síntes del colágeno.

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